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Ictiologia
SURUBÍ
Durante los primeros años de la década del ´90 el surubí sonaba en los relatos de sobremesa como una quimera. La posibilidad de capturar un cazador enorme y voraz justificaba recorrer cientos de kilómetros de distancia hasta los grandes ríos del norte de la Mesopotamia. La ampliación del habitat de este pez, producto de las represas y, mas seguramente, de diversos aspectos de su comportamiento, ha permitido que los asiduos pescadores del delta incorporen a los “cachorros” -algunos han superado los diez kilos de peso- en sus pretensiones de fin de semana. Y no se han visto defraudados, dado que la captura de este pez es relativamente frecuente cuando se intenta el Dorado sobre todo en horas del crepúsculo. La subfamilia Surubiminae agrupa a peces de gran tamaño. El surubí es un genuino representante de la mencionada categoría taxonómica que incluye también al Manguruyú, entre otros, considerándose a ambos los gigantes del Río Paraná. Se citan para nuestras aguas dos especies: Pseudoplatystoma corunscans o surubí pintado, y Pseudoplatystoma facetum o surubí atigrado. Las dos variedades alcanzan en su desarrollo extraordinarias dimensiones. Sin embargo, atrás quedaron los “grandes” de hasta noventa kilogramos de peso que por factores ajenos a la naturaleza se han convertido en historia. Los agentes contaminantes y la pesca furtiva han logrado que hoy en día se considere a un ejemplar de cincuenta kilos como una pieza de excepción. El surubí tiene una contextura robusta que justifica su kilaje a simple vista. Su cuerpo es el típico de los Silúridos: rollizo y tosco. La piel carece de escamas y tiene abundante cantidad de pigmentos. Su color en la región dorsal es gris verdoso con franjas o pintas según la especie. El vientre es blanco y las aletas son translúcidas. La cabeza es larga y aplanada. En ella se destacan los ojos de reducido tamaño y gruesas barbillas y barbillones mentonianos en la periferia bucal. La boca es enorme. A ello se refiere el nombre científico del género Pseudoplatystoma que significa “boca similar a un plato”, aludiendo a la forma y a la gran dimensión de las fauces. La dentición se presenta en forma de placas y se conoce técnicamente con el nombre de dientes viliformes y vulgarmente como “raspadillas”. En los peces pertenecientes a la familia ya mencionada aparecen formaciones dentales hasta en el paladar. Ambas especies tienen ocho aletas con rayos rígidos en forma de espina en las aletas pectorales y en la dorsal. Pese a su gran tamaño es un excelente nadador. Velozmente persigue a las especies forrajeras hasta las bocas de los arroyos y zanjas que desaguan en los grandes ríos. A este cazador también le agrada merodear por remansos y juncales. Cuando baja el sol acecha en busca de su alimento que en esencia está constituido por mojarras, bogas, sabalitos, pequeños bagres, etc. Las hembras desovan al comenzar la primavera. Cada puesta proporciona entre dos mil y tres mil quinientas huevas que son fecundadas por un solo macho. Un ejemplar grande tiene una potencia muscular asombrosa, factor que requiere en el pescador deportivo una prolija combinación de astucia, conocimientos de las técnicas de pesca, fuerza física y paciencia. Su carne es exquisita, blanca, firme, y de sabor muy delicado. En el interior de nuestro país, sobre todo en las zonas ribereñas, su comercialización adquiere gran importancia. En esas regiones, el surubí es parte sustancial de la dieta de los pobladores, ya sea en empanadas, milanesas, brochettes o “a la paraguaya”. En materia de conservacionismo hay un dato para la reflexión. Hay años en los que se pescan comercialmente varios miles de toneladas de surubí (hasta seis millones de kilos) convirtiéndose de esta manera en el segundo pez mas castigado por la pesca indiscriminada, siendo superado solo por la pesca del sábalo, en la que a veces se duplican los guarismos. Las dos especies de surubí habitan en los ríos Paraná, Uruguay y tributarios y en menor escala y de manera reciente en el delta y en el Río de la Plata. Vernacularmente se lo llama cachorro, mangrullo, carapary, pirambucú, surucho o simplemente surubí..
POR EL LIC. VICTOR DE VICTOR
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© Semanario del Pescador, Luis María Bruno, Radio y TV.
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