Por primera vez tres periodistas navegaron en rio Paraná desde Cataratas del Iguazú hasta Tigre, probando la pesca deportiva en todos sus misteriosos rincones y mostrando a través de cientos de entrevistas como vive la gente de sus orillas. Nosotros tuvimos el privilegio de ser parte de esta aventura que en su momento nos valió un reconocimiento por parte de la Cámara de Diputados de la Nación, y de la cual se cumplen 10 años este próximo sábado. Una mezcla de misterio, y de infantil curiosidad me invadió cuando mis amigos y colegas Alberto Andrian y Luis Bedoya del programa Zona Safari me propusieron la fantástica travesía de recorrer el rio Paraná a bordo de un liviano semirrígido, ensayando nuestros conocimientos en supervivencia, también en la náutica y primordialmente conocer de cerca a compatriotas que por generaciones conviven con el rio. La avidez periodística iba de la mano de todas esas sensaciones, así que acepte, y nos encontramos en Puerto Iguazú el 20 de agosto del 2009; yo casi con lo puesto y lo mínimo para cargar en la embarcación, pero con la certeza de que muchos de los lectores de esta sección viajarían conmigo en esa aventura que tendría más de 40 días en el agua. Nuestro pequeño motor fallo al momento de la partida pero con la asistencia de prefectura lo solucionamos y nos largamos a la aventura que nos depararía una de las satisfacciones personales más intensas que cualquier argentino pueda vivir; comprobar la solidaridad y el cariño de la gente del litoral que en cada parada nos ofrecía lo poco o mucho que tenia, vale decir que nunca nos falto un mate y un pan casero en cada puerto. Describir cada día es imposible en este espacio, pero en el anecdotario destaco que tuve el privilegio de lograr nuestro primer dorado en la localidad de Itati, después de cientos de kilómetros y tras haber recibido una imagen de la virgen por parte de la asociación de guías locales. Esta virgencita navego siempre a la proa y con ella llegamos a Tigre después de sortear los más diversos climas, contingencias y dificultades que conlleva recorrer más de 1.700 kilómetros del poderoso Rio Paraná, atravesando la imponente represa de Yasireta que en comparación a su dimensión parecía que estábamos en un cascaron de nuez.
Alguno de los dorados logrados en el camino junto a Alberto.
Nuestro paso por Rosario, de ahí en más comenzaban los últimos tramos.