
Guardaparques del Parque Nacional Iguazú realizaron un operativo conjunto con el Grupo de Operaciones en Selva en áreas clave del río Iguazú Inferior y del río Paraná. La patrulla formó parte del esquema permanente de vigilancia destinado a frenar actividades que amenazan la biodiversidad de la región.
Los equipos recorrieron zonas de difícil acceso, donde la presión sobre la fauna acuática suele intensificarse. Durante el operativo se detectaron maniobras vinculadas a la pesca furtiva. Los agentes secuestraron una embarcación, un motor fuera de borda y distintos implementos ilegales utilizados para capturar fauna silvestre.
También se encontraron siete ejemplares de peces y una pieza faenada de agutí, especie cuya caza está estrictamente prohibida. Este tipo de patrullajes busca no solo actuar frente a infracciones, sino también prevenir el deterioro de ecosistemas que sostienen una enorme diversidad de especies.
Las autoridades remarcan que la conservación efectiva depende del control sostenido y del compromiso de la comunidad. El área protegida continúa siendo uno de los puntos más sensibles del país para la preservación de la selva paranaense.

Un operativo en Iguazú refuerza la lucha contra la pesca furtiva y la caza de animales silvestres. Foto: La Voz de Cataratas.
Impactos ecológicos de la pesca furtiva en la región
La pesca ilegal altera de forma directa el equilibrio de los ríos que atraviesan Misiones. La extracción indiscriminada reduce poblaciones de peces fundamentales para la cadena trófica y para la dinámica natural de los cursos de agua.
Estas pérdidas afectan a otras especies que dependen de ellos, incluidos mamíferos, aves y reptiles. La presión sobre la fauna también favorece cambios en la composición de especies, lo que puede dar lugar a invasiones biológicas o desequilibrios ecológicos.
Los ríos del Parque Nacional Iguazú funcionan como corredores biológicos esenciales para la selva misionera. Cuando sus ecosistemas se alteran, el impacto se extiende a sectores más amplios del paisaje.
Además, la caza ilegal de mamíferos como el agutí afecta procesos ecológicos claves, como la dispersión de semillas. La pérdida de estos animales repercute directamente en la regeneración del bosque. La restauración de estos sistemas requiere décadas y, en ocasiones, resulta irreversible.

El operativo en Iguazú una pieza faenada de agutí, un mamífero silvestre cuya caza está prohibida. Foto: La Voz de Cataratas.
Actividades prohibidas en el Parque Nacional Iguazú
El Parque Nacional Iguazú posee un marco de protección estricto diseñado para conservar su biodiversidad. En el área están prohibidas la caza, la pesca, la colecta de flora y el tránsito fuera de los senderos autorizados.
Tampoco se permite el uso de embarcaciones sin habilitación, ya que representan un riesgo para la fauna acuática. La introducción de animales domésticos o especies exóticas también está restringida.
Estos ingresos pueden transmitir enfermedades o competir con especies nativas, afectando la estabilidad del ecosistema. Asimismo, queda vetada cualquier actividad que implique alterar cursos de agua o remover vegetación.
Las normativas buscan garantizar la preservación de un ambiente único, hogar de más de 2.000 especies de plantas y un amplio repertorio de fauna. El cumplimiento de estas reglas es fundamental para asegurar que futuras generaciones puedan conocer y disfrutar este patrimonio natural. Las autoridades insisten en que la protección comienza con el respeto y la responsabilidad de cada visitante.