A pesar del poco tiempo que lleva en la pesca deportiva, Sergio cuenta: “Acá sale de todo, desde besugo hasta brótolas, también alguna corvina”. Y detalla que las piezas después son cocinadas para comer con amigos. “Si son chiquitas, como por ahí las pescadillas, las devuelvo”, reconoce.
Antigüedad
Jorge elige la escollera de Punta Iglesia o preferentemente las rocas del Paseo Dávila. “Acá tengo que venir los días como hoy, que está tranquilo, porque si la marea está alta te puede tirar”, detalla el hombre que dice pescar “desde siempre”. A pesar de llevar una gorra celeste hasta las orejas, la cercanía con el mar lo deja “marrón caribe todo el año”, se ríe y las marcas blancas se le notan alrededor de los ojos.
“Acá vengo todo el año, generalmente solo, porque a ninguno de mis hijos le gusta la pesca. Y tengo tres. Algunas tardes me acompaña mi mujer, que ceba mate, pero en general la pesca es de hombres”, sentencia.
Marcos ocupa uno de los bancos de cemento del Paseo Dávila y tiene su caña colocada en el orificio del asiento, que permite observar el mar con las manos libres. “Me gusta aunque la descubrí hace poco, menos de un año, por un amigo”, cuenta sobre su nueva “pasión”. “La verdad que te engancha y acá sale de todo. La otra noche vinimos con un amigo y sacamos una corvina como de tres kilos. Después la liquidamos”, se ríe.
En cuanto a la carnada, detalla que compra calamar o anchoa y lo corta y especifica que su caña nueva está fabricada en base a grafito y kevlar. “Es medio pelo, pero para lo que sale acá sirve”, explica. En cuanto al equipamiento, asevera: “Una caña más o menos, como la mía, puede costar entre 140 y 150 mil pesos, pero hay otras que pueden llegar al medio palo. Después tenes las tanzas de distintas variedades y los reeles”.

Gustavo se describe como un pescador “de todo el año” y, a su entender, “hay mejor pique de noche”. “Pero ahora te fijas en Google el tema de las mareas y vas adaptando los horarios”, dice. En su haber salieron “besugo, brótola, corvina, pesca variada”, aunque aclara que “hay veces que estás cuatro o cinco horas y no sacas nada”. “También tiene que ver la suerte”, explica.
Ya sea como terapia, deporte o pasatiempo, la pesca gana adeptos a todo horario.