En junio de 2026, la empresa belga Jan De Nul se adjudicó una nueva concesión, que incluye nuevos trabajos de dragado para profundizar la vía navegable, con vigencia hasta 2051. Los expertos advierten que estas intervenciones podrían alterar aún más la dinámica natural del río, afectando a la reproducción de los peces y acelerando la erosión de las riberas. También se han planteado dudas sobre la suficiencia de las evaluaciones oficiales de impacto ambiental realizadas hasta la fecha.
Ni Jan De Nul ni la Agencia Nacional de Puertos y Navegación de Argentina (ANPYN) han respondido a las solicitudes de comentarios. Un informe gubernamental publicado en noviembre de 2025 afirmaba que se están cumpliendo las normativas medioambientales y que se están minimizando los impactos ambientales.

Jorge Marín, que pertenecía a una de las primeras familias que llegaron al Remanso Valerio y era conocido en la zona como el “gran pescador”, poco antes de fallecer en mayo Sebastián López Brach / Dialogue Earth
“Estamos convirtiendo al Paraná —un sistema complejo y vivo— en una autopista fluvial rectificada y uniforme”, dice a Dialogue Earth Cecilia Reeves, del Taller Ecologista, organización ambiental con sede en Rosario. El dragado altera los bancos de arena y las corrientes que son fundamentales para la reproducción de los peces. Para comunidades como el Remanso Valerio, el impacto es directo. “El río no es una vía de transporte para ellos. Es su casa y su plato de comida.”
El barrio también se enfrenta a un cambio significativo: Parque de la Cabecera. Este proyecto propone 2.500 nuevas viviendas para unas 15.000 personas, así como nuevas instalaciones deportivas, un centro cultural y “espacios públicos de alta calidad”. La administración provincial está ultimando actualmente los pliegos de condiciones de cara a un proceso de licitación dirigido a desarrolladores privados.
El proyecto incluye Remanso Valerio. Según informaciones, habría que reubicar a 70 familias. Las negociaciones siguen en curso, pero según se informa, dos familias ya han firmado acuerdos de reubicación.

Ariel Agustín Sosa (a la izquierda) y Jesús Emanuel Díaz, habitantes del Remanso Valerio, desenredan sus redes mientras pasa un buque de carga, gracias a décadas de dragado del río Sebastián López Brach / Dialogue Earth
Para los vecinos más antiguos, el proceso genera preocupación. “Yo me crié acá, es mi vida esto y no me veo viviendo en otro lado. Con el río alimentamos a nuestros hijos y nietos, les compramos los útiles”, expresa Díaz.
Carlos Rubén Caballero tiene 42 años y pesca desde los ocho. Mientras habla, sus manos desenredan los más de 300 metros de red que necesita para salir a lancear. “Esto nuevo que están haciendo fue de callado… al principio la gente estaba asustada [por tener que irse]… pero acá seguimos”, dice.
El ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, ha afirmado que el proyecto supondrá una “verdadera transformación urbana y social” para los habitantes de la zona.
Mientras, entre algunos habitantes más jóvenes aparece una mayor apertura a las transformaciones propuestas y en marcha, aunque sin renunciar al vínculo con el territorio. Agustina Olmos, una joven de 26 años, hija y nieta de pescadores, sostiene: “Si me dan la oportunidad de reubicarme, me reubico, pero irme de acá, no”.

El pescador local Carlos Rubén Caballero saca su red en el Paraná Sebastián López Brach / Dialogue Earth
La tensión que atraviesa al Remanso Valerio refleja un conflicto que se repite a lo largo de ríos y costas en distintas partes del mundo.
Lo que está en juego en este barrio no es solo la memoria de una comunidad. Es historia viva: la continuidad de una relación profunda con el río que durante generaciones organizó formas de trabajo, vínculos y un saber transmitido entre generaciones que todavía modela la vida cotidiana del barrio.